miércoles, 26 de septiembre de 2012

Chonchi y la Cueva de la Pincoya

Por Xentor Xentinel


Era el Jueves 20 de Septiembre del 2012...

Hoy era el turno de visitar Chonchi, Tercera Ciudad-Chakra, o Plexo Solar de Chiloé. Pero sentía que antes debía ir a la Cueva de la Pincoya, en Chanquín, al Oeste de Chonchi. Tanto Chanquín como Cucao y Rahue, vendrían a ser parte del Plexo Solar de Chiloé.

La leyenda chilota habla de unos seres sobrenaturales conocidos como los Pougten o Poutenes, que vivían en el mar. El Rey del Mar, equivalente al Poseidón griego, era el Miyalobo.

La Ciudad Submarina del Miyalobo y los Pougten, se encontraba unos pocos kilómetros al noroeste de Chanquín, desde donde los lugareños podían escuchar, a veces, extraños rugidos metálicos, como los que hoy en día se están escuchando por todo el mundo, y que son popularmente conocidos como «Sonidos Apocalípticos».

De entre los hijos del Miyalobo destacaba la Pincoya, considerada Diosa del Mar por muchos. Era descrita como una hermosa mujer de piel blanca, largos cabellos rubios y ojos claros, que solía ser vista desnuda, o vestida sólo con algas.

En Chanquín —junto al Río Puchanquín, que conecta el mar con el Lago Huelde—, estaba la Cueva de la Pincoya, de donde los lugareños, a veces, la veían salir y nadar hasta el centro del Lago Huelde, de donde emergía un cilindro dorado, en donde ella se sentaba a peinar sus cabellos. Indudablemente, estamos aquí ante un poderoso ícono de la Energía Femenina en Chiloé.

Nuevamente, amaneció lloviendo. Saliendo de la ducha, sentí que tocaban la puerta. Vi una mujer y una niña. Eran Testigos de Jehová. La mujer me preguntó qué opinaba sobre las ideas del Fin del Mundo en el 2012, y le dije —con pesar, porque el tema me interesa— que estaba muy ocupado para hablar de esas cosas en ese momento. Así que me regaló una revista «Despertad!», con el tema «El Fin del Mundo: Fantasía y Realidad», y se fue.

Llegué al Terminal de Buses al Mediodía. Todavía faltaba media hora para la salida del próximo microbús a Chanquín, así que me puse a leer el artículo de la revista sobre los temores populares acerca del Fin del Mundo, y la perspectiva de los Testigos de Jehová al respecto. La verdad, el artículo no estuvo muy bueno, y sólo me sirvió para no aburrirme aquellos 30 minutos de espera.

Cuando quedaban como 5 minutos para la partida del microbus, me di cuenta que había olvidado la cámara, y no tenía tiempo para ir a buscarla; así que, lamentablemente, no tengo fotos de este viaje. Acompañaré este artículo con fotos de un viaje anterior al mismo lugar el año 2004, y un par de fotos tomadas de Internet.

Me senté al final del bus, y luego subió un hombre con 4 hermosas chicas, que parlotearon en inglés todo el camino. Al parecer, venían de Estados Unidos. Una de ellas, rubia y de ojos celestes, se sentó en un puesto adelante, de modo que estuvo todo el viaje volteada hacia atrás, para conversar con sus amigas. En varias ocasiones, nuestras miradas se cruzaron, y pensé que la Pincoya debía parecerse mucho a ella.

Además de admirar la belleza de esta chica, admiré también la del paisaje, especialmente cuando pasábamos por el Lago Huillinco.


Cuenta la leyenda que hace unos siglos, las aguas de este lago eran turbulentas, debido a la presencia de un Piwichén, una especie de Elemental Negativo. Pero los Jesuitas habrían conjurado al Elemental echando sal bendita al lago. Ahora, sus aguas eran quietas.

A la vuelta del viaje, me asombraría aún más al ver el parecido del Lago Huillinco con el Lago Puelo, cuando vi que la gente de Harwitum compartía en Facebook fotos de éste último, donde al día siguiente, 21 de Septiembre, se iba a celebrar el primer Encuentro de Harwitum Mörtulti o Harmörtulti (El Camino de la Gran Mujer).

Mi trabajo en Chanquín iba a ser rápido. Tenía que serlo, porque el siguiente microbus llegaba dentro de una hora, y el siguiente a ese, dentro de 3 horas, y no podía tomarme 3 horas allí, porque quería dejar tiempo para escribir sobre la experiencia vivida.

Me bajé en el Puente Chanquín, sobre el Río Puchanquín, y caminé hacia la cueva.


Me llamó la atención lo alto que estaba el agua, y luego, para mi sorpresa, me encontré con que el agua llegaba hasta la cueva misma, y no se podía seguir caminando por tierra. Ahora entendí cómo es que la Pincoya salía de la cueva al río y viceversa. Lo hacía nadando, mientras que yo imaginaba que caminaba el trayecto entre la cueva y el río.

Era la tercera vez que iba al lugar, y nuevamente, éste me tenía una sorpresa. La primera vez, fue desilusión, porque, debido a algún derrumbe, la cueva se había convertido en un pequeño agujero, por el que no se podía pasar. La segunda vez, me encontré con que sí había una caverna, aunque pequeña, por la que pude ingresar.


El 2007, en el interior de la Cueva de la Pincoya.

Y ahora me encontraba con toda el área de la cueva inundada.

Tenía que escoger entre sacarme los zapatos y el pantalón, y caminar en el agua buscando la entrada de la cueva, o caminar monte arriba por el sendero que había visto antes, y buscar una posible entrada por tierra por el otro lado. Escogí lo último.

Subí el sendero, y más arriba, encontré una hendidura natural en la roca, que se parecía bastante a los lugares de adoración a la virgen. Pensé que era el lugar ideal para encender unas velas en honor a la Pincoya, pero sería para después. Tenía que seguir mi camino.

Al final del sendero, me encontré con el Lago Huelde, que se veía más hermoso, así tan lleno de agua como se veía ahora. En mis viajes anteriores, había menos agua, se podía caminar todo alrededor de la arena, y yo me preguntaba cómo alguien podía nadar a gusto en una laguna con el agua tan baja. Ahora sí la laguna estaba llena, especial para nadar.

Bueno, así que, desde el otro lado, traté de llegar a la cueva, encontrándome otra vez con el agua. Parece que no quedaba otra, para llegar a la cueva, que mojarse un poco. Pero el tiempo se me estaba acabando, así que opté por llenar los recipientes que había llenado, con el agua del lugar, y además, eché unas piedritas.

Al tomar las botellas, con el agua y las piedras adentro, noté que se produjo un sonido especial y, en una especie de improvisado ritual indígena, me puse a agitar las botellitas, con ambas manos en dirección a la laguna, al río, al cerro donde se encontraba la cueva, y al mar, mientras cantaba el mantra PINCOYA.

PIIIIIIINNNNNNNN - COOOOOOOOOOOOO - YAAAAAAAAAAAAAA

Luego guardé las botellitas en la mochila, y me devolví por el sendero. Al llegar a la hendidura de roca, saqué las velas que traía conmigo. Quería dejar ahí unas 7 u 8 velas. Al menos 4, número sagrado para los indígenas. Pero tuve problemas con los fósforos. Se me habían humedecido con la lluvia del día anterior.

Finalmente, logré encender una vela, y traté de usar la misma para encender las otras, pero la segunda tendía a caerse, y no logré afirmarla en su lugar. Así que, tuve que dejarlo así, porque el tiempo se me estaba acabando. Una vela, eso sería suficiente por ahora.

A las 15 Hrs en punto llegó el microbus, y me subí. Pero el conductor me dijo que saldría en 10 minutos, que al final, terminaron siendo 20. Haberlo sabido antes... Le comenté al chófer que nunca había visto el agua del lugar tan alta, y me dijo que en los días anteriores había estado más alta todavía.

Me bajé del microbus en Chonchi, me dirigí hacia la plaza, que no es la típica plaza plana que uno ve en todas partes, sino inclinada hacia abajo, siguiendo la geografía natural del lugar.


Me fui al lugar más alto, saqué una de las botellitas de agua, y derramé su contenido, que comenzó a derramarse por el pavimento hacia abajo, diciendo:

—Te bautizo con el Agua de la Cueva de la Pincoya, para el despertar de Chonchi, y de todo el Plexo Solar de Chiloé.

Me hubiera gustado ver el agua derramándose a todo lo largo de la plaza, pero la botella era pequeña: no era mucha el agua que traía.

Una vez hecho el trabajo, tomé otro microbus en dirección a Castro. Aún conservaba la otra botellita llena de agua y piedras tomadas a pocos metros de la Cueva, para derramar su contenido en la Fuente de la Pincoya, en la plaza de Castro, al día siguiente.

Llegando a la ciudad, me conecté a Internet, y me encontré con un Informe de Contacto Físico Extraterrestre del peruano Luis Fernando Mostajo, en donde describe un «Pliegue Cósmico» entre Venus y la Tierra, que permitió que dicho contactado pudiera estar, literalmente, con un pie en la Tierra, y el otro en otro mundo, el 26 de Agosto del 2012, en el Monte Illimani. Esto parecía un adelanto de lo que los Guías Extraterrestres habían anunciado que se produciría el 21 de Septiembre en el Monte Sajama, en Bolivia.

Dejo el link aquí, para que lo descarguen:
http://es.scribd.com/doc/103999771/Contacto-Fisico-con-AMANI

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