domingo, 9 de diciembre de 2012

Informe 11:11 (2012)

Por Xentor Xentinel


Éste Informe será corto y único, pues no hay tiempo de hacer un Informe por cada ciudad por la que pasé, como tenía pensado hacer en un principio.

Se había convocado en todo Chile (la Columna Vertebral de la Gran Mujer del Cono Sur) a una actividad denominada «Rezo al Agua» para la Fecha Portal 11:11. Matías estaría en Capilla del Monte, sobre la Ciudad Intraterrena de Urlindim.

Desde diferentes puntos de Chile se apoyaría la actividad, realizando rogativas al agua. Una de las propuestas era la de tomar agua de diferentes lugares, para bendecirla y derramarla en el río, lago o mar correspondiente a cada ciudad.

Sentí en mi Interior el Llamado a colectar agua de diversos lugares de Chiloé, teniendo ahora en mente la forma de Trewako, o Perro Acuático que hacía poco había descubierto que tenía la Isla Grande de Chiloé. Fue lo que hice durante la semana anterior al Domingo 11 de Noviembre, el Día 11:11.


QUELLÓN: EN BUSCA DE LA LAGUNA SANTA MARTA

Pensé que el primer lugar donde debía ir a colectar agua, tenía que ser la Laguna del Trewako. Según algunos textos, es una laguna cercana a Yaldad, localidad situada cerca de Quellón, hacia el extremo sur de la isla.

Consulté todos los mapas que pude en Castro, y revisé una y otra vez el Google Earth, pero la laguna más cercana que encontré, era una situada un poco al norte de Quellón. Luego me enteré que el nombre de esta laguna era Santa Marta. ¿Sería ésta la Laguna del Trewako?

Fui a Quellón, a buscar más información, y tratar de llegar a la Laguna. Me dirigí a la Biblioteca Pública, en donde pedí mapas detallados. Con impotencia, vi que, igual que en la Biblioteca Pública y el Centro Cultural de Castro, sólo tenían unos mapas muy básicos de la Isla de Chiloé, con sus ciudades y carreteras principales. Nada de lagunas.


El Bibliotecario me hizo unas preguntas sobre lo que buscaba. Cuando le dije que buscaba la Laguna Santa Marta, dijo que era una zona de muy difícil acceso, y que era fácil perderse. Mencionó que se habían perdido unos jóvenes hace unos años en un paseo escolar. Luego me dijo: «Dicen que hay Oro ahí». Finalmente, me sugirió ir a la Municipalidad, donde debían tener mapas más detallados de la zona.

Me dirigí hacia allá, y vi un gran mapa de toda la zona en la pared de una oficina. Pedí permiso para entrar y estudiar el mapa. Vi la Laguna Santa Marta, pero no vi ninguna que estuviese más cercana a Yaldad.

Una funcionaria me preguntó qué buscaba, y le dije que quería saber cómo llegar a la Laguna Santa Marta. Me miró fijamente a los ojos, con cara de susto, y me dijo:
—¡No vaya! La gente se pierde ahí...
Luego llegó otra funcionaria, y al enterarse de lo que buscaba, confirmó lo dicho por la primera.

Me hablaron de los jóvenes que se habían perdido hace unos años ahí, y me dijeron que incluso la gente de la Municipalidad que debía ir allá en ocasiones, debía tomar muchas precauciones para no perderse. Me dijeron que sólo los lugareños conocen la zona, y que en la última Encuesta Nacional, debieron ponerse de acuerdo con los lugareños, para hacer la Encuesta en otro lado.

Finalmente, ambas señoras, y un hombre que llegó después, me recomendaron hablar con cierto señor, que era «el más antiguo en la Municipalidad», y «el que más conoce la zona». Me dieron la dirección, y fui:
—Es un lugar muy siniestro... —Me dijo el hombre, cuando llegué a su despacho—. Yo no iría ahí... Si usted quiere perderse, vaya. Pero yo no iría...
Ante mi insistencia, me dijo que busque cierta calle, camine cuesta arriba, hasta la última casa que encuentre, y ahí pregunte por cierta señora. Ella podía indicarme cómo llegar. Tardaría tal vez una hora en llegar, me dijo. Luego repitió:
—Si usted quiere perderse, vaya. Pero yo no iría...
Una chica que estaba ahí, con él, dijo:
—¿Ese es el lugar en donde dicen que hay «Cueros»?
El hombre asintió, y volvió a repetir su frase de advertencia...

(Según la leyenda Mapuche y Williche, ciertas lagunas son habitadas por extrañas y peligrosas criaturas que parecían cueros vacuno extendido flotando en el agua; sin embargo, estos Trülke Wekufe, o «Espíritus Cueros» podían atrapar y comerse a cualquier animal o persona que se metiera al agua, o tan sólo se acercase a la orilla a observar con curiosidad).

«Vaya Laguna Encantada», pensé al salir. «"Dicen" que hay Oro y Cueros. Debe ser la laguna que busco: La Laguna del Trewako». También pensé en si debía arriesgarme o no a ir a tal lugar, de donde tal vez no saldría...

La curiosidad fue más fuerte por un momento. Busqué la calle señalada, y caminé cuesta arriba. Dejé las casas de la ciudad, el camino de cemento se hizo de tierra, el paisaje cambió y se hizo más campestre. Empecé a ver casas de campo, cada vez más espaciadas.


En un momento, me detuve a descansar y a comer lo que traía en mi mochila. Luego seguí caminando otro poco. El camino parecía no tener fin. Me preguntaba si seguía caminando, o me devolvía. El cielo se cubrió de nubes oscuras, y de pronto, sentí unas gotas cayendo en mi cara.

«No es un buen día para perderse», pensé. Me devolví, y empecé a caminar cuesta abajo. Luego, pasó una camioneta, y me llevó de vuelta a la ciudad. El chofer me preguntó si «andaba viendo terrenos» para comprar. Le dije que no, que sólo quería ver hasta dónde me llevaba el camino. Me dijo que me hubiera tomado tres horas en llegar caminando hasta el final. ¡Tres horas! Por suerte no seguí...

De nuevo en la ciudad, me pregunté qué agua iba a llevarme, entonces. Miré el río, y al ver que venía desde la misma dirección de donde se encontraría la Laguna Santa Marta, me dije: «¿Por qué no? Tal vez esta agua venga desde la misma laguna, y si no, viene de muy cerca».


Entonces descendí, y llené una botellita con aquella agua fresca y limpia que venía atravesando campos y bosques.


CHANQUÍN: AGUA DE LA CUEVA DE LA PINCOYA

Mi siguiente parada fue Chanquín, en donde se encontraba la legendaria Cueva de la Pincoya, a orillas del Río Puchanquín. La vez anterior me había encontrado con el agua del río más alta, cortándome el camino.


Traté de subir cerro arriba, para dar la vuelta, y entrar por el otro lado, pero fue lo mismo, y ya no tenía tiempo de entrar al agua. Debía apresurarme a tomar la siguiente micro, o tendría que esperar 4 horas más.

Esta vez, sabía que no tenía excusas: Tenía que mojarme. Me saqué el pantalón y los zapatos, y caminé hasta la entrada de la cueva, con el agua hasta la cintura.

Entrada a la Cueva de la Pincoya

Justo frente a la entrada de la Cueva, cerré los ojos, hice una especie de plegaria silenciosa a la Pincoya, y recogí agua en otra botellita.


CHONCHI: AGUA BENDITA SOBRE LA PLAZA

Luego me dirigí a Chonchi, que representaría el Chakra Timo del Gran Trewako. La vez anterior, regué agua tomada del Puchanquín sobre la plaza de Chonchi, pero fue muy poca, y el agua no se esparció como me hubiera gustado.

Esta vez iba dispuesto a hacer la operación de nuevo, cuando vi a unos extranjeros tomando fotos a la Iglesia. De pronto, se me ocurrió una idea: «¿Y si entro y saco agua bendita?».


Y eso fue lo que hice. No tuve ningún problema. Puse agua en una botellita, y me fui a la plaza de nuevo, en donde la mezclé con las aguas que traía de Quellón y Chanquín, para terminar regando un poco de esa agua sobre la plaza de Quellón.



CASTRO: AGUAS DE LA GARGANTA

En la zona de Castro, la Garganta o Chakra Laríngeo del Gran Trewako, escogí tres lugares de donde colectar agua:
1) La Cascada de Llicaldad, al sur de Castro: Antiguo Centro Iniciático de los Brujos, a donde llegaba el famoso Kaleuche (Barco Fantasma chilote), de acuerdo a la leyenda.

2) La Fuente de la Pincoya, monumento fundado en plena plaza de armas de Castro el día en que se producía un Tránsito de Venus.

3) El Río Gamboa (aparentemente, su nombre indígena era Kikilwe), otro lugar de sucesos mágicos en décadas pasadas, en donde se aseguraba que había también un «Cuero», un Kamaweto (especie de ternero marino con un cuerno dorado en la frente), y avistamientos del Kaleuche.
El día que cumplí 15 años, bajé a ese río a «auto-consagrarme», bautizándome a mí mismo como Misionero Cósmico. Fue el 4 de Mayo de 1991, el mismo día en que, según Drúnvalo Melchizedek, 32 Maestros Cósmicos abandonaron la Tierra, y la Conciencia Colectiva Humana se elevó un poco.

Para ir a la Cascada de Llicaldad, tuve que esperar a que hubiera marea baja, para caminar por el terreno dejado momentáneamente por las aguas.

En el camino me encontré con este amiguito:


Y luego apareció otro: Un perro negro que no era amigo de las fotografías...

Al llegar a la desembocadura del río, traté de adentrarme hacia la cascada, pero lo resbaloso que estaba el roquerío cubierto de algas, y lo resbalosos que, de por sí, eran las zuelas de mis zapatos, me convencieron de que no era buena idea esforzarme en seguir avanzando hacia adentro.


La posibilidad de caer y golpearme contra las rocas, o caer al agua, sin siquiera saber nadar, no me pareció muy atractiva. Preferí colectar el agua de la desembocadura del río, mientras los perros disfrutaban el paseo. «Total, es la misma agua», pensé.


De vuelta, el perro negro me acompañó hasta cierto punto, pero el blanco con negro me acompañó durante todo el recorrido por la playa.


Incluso me acompañó por la carretera, hasta que un perro malas pulgas lo correteó de vuelta por donde se había venido...

Luego, recoger agua de la Fuente de la Pincoya, fue lo más rápido y fácil del mundo...


Quise colectar también agua de la Iglesia, pero se encontraba en reparaciones...


El siguiente lugar para colectar agua, fue el Río Gamboa. Traté de bajar por el mismo lugar donde me había «autoconsagrado» hace 21 años; pero las recientes lluvias, habían vuelto muy lodoso el terreno, así que opté por colectar agua por el lado del Tranque. Olvidé tomar fotos ese día.


DALCAHUE Y ACHAO: LA BOCA Y LA LENGUA DEL TREWAKO

La siguiente parada fue Dalcahue: La Apertura de la Boca del Gran Trewako. Ahí sí pude entrar a la iglesia, para colectar Agua Bendita, mezclarla con el agua que ya traía conmigo, y derramar un poco sobre la base del poste de bandera central de la plaza, que funcionó ahora, igual que la vez anterior, como Eje de Activación.


Luego me dirigí hacia un lugar adonde no fui en el Recorrido anterior: la Isla de Achao, que representaría la Lengua del Gran Trewako.


Iba a ir a Curaco de Velez, el primer poblado en la isla, pero estando ya arriba de la micro, decidí seguir hasta Achao, la capital homónima de la isla, situada en el centro de ésta.

Ahí tampoco pude entrar a la iglesia, porque estaban haciendo aseo con un aparato que me pareció monstruoso. Así que, simplemente, bendije la plaza de Achao arrojando un poco de agua sobre el pequeño arbolito central, que usé como Eje de Activación.



QUEMCHI: LOS OJOS DEL GRAN TREWAKO

La siguiente parada fue Quemchi. En esta ocasión, tuve bastante más tiempo que la última vez...


En la iglesia de la plaza, extraje las pocas gotas de Agua Bendita que me permitió el pequeño recipiente del lugar, las dejé caer sobre el resto de mi agua, y... Quise derramar un poco de esta mezcla de aguas sobre el monumento al escritor Francisco Coloane, pero habían personas afirmadas ahí.


Así que, decidí hacerlo sobre un lugar de la plaza que aún tenía un poco de agua de las recientes lluvias.


Luego, fui a derramar otro poco de agua en la playa, frente a la Isla de Caucahue, que forma parte, también, de los Ojos del Gran Trewako. Algún día iré a esa isla a tratar de activar los Ojos de Chiloé. Esos Ojos que miran, precisamente, en dirección al Lago Puelo, en Argentina, donde comenzó el Camino de la Gran Mujer...


ANCUD: LA CORONILLA DEL GRAN TREWAKO

La siguiente parada fue Ancud, la Cima de la Cabeza o Coronilla del Gran Trewako. La iglesia de allá también estaba en reparaciones, y la plaza estaba llena de adolescentes.


Incluso en el gazebo central, adonde me hubiera gustado subir a derramar el agua, estaba llena de jóvenes escuchando y bailando rap. Así que, la operación fue rápida: Transmití mis mejores sentimientos al agua, y pasé derramando un poco sobre las flores alrededor del gazebo.


Hecho el trabajo, me fui al Terminal, a tomar un bus hacia Puerto Montt.


PUERTO MONTT: EL ANO DE LA GRAN MUJER

El día anterior al 11:11, ya en Puerto Montt, decidí colectar agua de una laguna a la que había ido algunas veces con mis primos en mi juventud. Una hermosa laguna de la que, hasta ese momento, seguía ignorando el nombre. Un primo argentino bautizó el lugar como «Las Tetas Misteriosas», por las dos suaves colinas que se veían del otro lado de la laguna.

Por cierto, y a propósito de misterios: De esa laguna también se decía que había un «Cuero»... Las madres de mis primos nos decían que no vayamos a ese lugar, porque estaba el tal «Cuero» que nos podía atrapar y comer, y nadie sabría más de nosotros. Íbamos igual y, al menos yo, nunca vi nada parecido al famoso «Cuero». Tal vez ya se había muerto.

De esto habían pasado como 20 ó 22 años. Qué cambiado estaba todo. Ahora había una villa rodeando la laguna y, junto a ella, un Santuario Schoenstatt.


Había también un sendero de madera, que conducía hacia un mirador, puesto sobre la «Teta» más alta del lugar.


Vi grupos de jóvenes, y algunos niños y adultos por los alrededores. A todos pregunté si sabían cómo se llamaba la laguna. Nadie sabía. Algunos me respondieron, no muy convencidos, de que el Santuario del lugar es conocido como «El Santuario de la Laguna», por lo que la Laguna también sería, simplemente, «La Laguna del Santuario». Pero yo sabía que ese no podía ser el nombre de la laguna. Hace 20 años, no estaba ese Santuario ahí.

En un momento, me acerqué a dos chicas para preguntarles si sabían el nombre de la laguna. Tampoco sabían, pero una de ellas mencionó que había oído que habían 7 lagunas en la zona, y que ésa era apenas la primera. Ese era un dato que desconocía totalmente, y lo guardé en mi memoria para una próxima exploración del lugar.

Efectivamente, desde hacía 20 años, cuando íbamos con mis primos al lugar, veía unos senderos que continuaban más allá de la laguna, pero nunca se me ocurrió pensar qué podía haber de interesante más allá, y menos seguir los senderos para ver a dónde me llevaban.

Me senté en un lugar, a orillas de la laguna, derramé allí un poco del agua que llevaba, y volví a llenar el espacio en mi botella con agua de la laguna. Cerré la tapa, me quedé un momento admirando la belleza del lugar, y tomé esta foto:


Luego de disfrutar el momento, y aquietar mis ondas mentales al compás del suave vaivén de las aguas de la laguna, tomé mis cosas, y me alejé del lugar. Luego, investigando por Internet, descubrí por fin el nombre del lugar: Laguna Mansa. Un nombre muy apropiado.

También, usando el Google Earth, confirmé la presencia de más lagunas en la zona, aunque la presencia de nubes, me dificultó el poder contarlas bien. Pero, si me dijeron que son siete, deben ser siete...

Laguna Mansa, Puerto Montt

También me enteré de otra cosa: del Proyecto Parque Laguna, que pretende modificar el entorno de la laguna.


Al otro día, por fin, llegó el momento del 11:11. Llegué al lugar acordado con un amigo que también llevaba su botella de agua. Llegamos como 3 minutos antes de las 11 Hrs. El cielo estaba cubierto de nubes oscuras, y hacía un frío terrible.


Vimos un grupo de gente con letreros colgados de sus cuellos, que decían cosas como «YO SOY AMOR», «YO SOY FUERZA», «YO SOY JUSTICIA», «YO SOY PROSPERIDAD», «YO SOY SABIDURÍA», «YO SOY VERDAD», etc.

Esto obedecía a los experimentos realizados por el Dr. Masaru Emoto, quien demostró que las palabras, oraciones, sonidos y pensamientos dirigidos hacia un volumen de agua (incluso las palabras escritas en la etiqueta del envase) influirían en la formación de sus cristales de hielo.

De esto podía deducirse que los pensamientos y palabras, incluso las palabras escritas en un envase, podían influenciar en el agua. Por ejemplo, una etiqueta que dijera «SANACIÓN» ó «BENDICIÓN», podría hacer que dicha agua tuviera propiedades curativas. Dado que alrededor del 70% del cuerpo humano es agua, ¿Qué tal si nos auto-etiquetamos con las cualidades que deseemos manifestar?

La gente empezó a tomarse de las manos, mirando hacia el mar. Nos sumamos al grupo, e hicimos lo mismo. Como si esperásemos el Año Nuevo, contamos en voz alta los segundos que iban quedando para las 11 Hrs. Cuando llegó el momento, empezamos a cantar el Himno Nacional, que era lo que se había propuesto hacer durante la actividad.

Al terminar, nos dimos abrazos entre todos y, aunque daba la impresión que nadie quería irse tan pronto, pronto se hizo evidente que no había nada más programado, y la gente empezó a abandonar el lugar.

Sin embargo, mi amigo Marco y yo (los únicos que habíamos llevado botellas con agua al lugar), su pareja y amigos suyos, nos quedamos un momento más. Para ser más precisos, caminamos un poco más hacia el Oeste. Si mal no recuerdo, éramos 8 personas: 4 hombres y 4 mujeres. Una vez más, estaba presente el número 4, sagrado para los antiguos Mapuche y Williche.

Llegamos a un lugar con unos escalones que iban hacia abajo, a un roquerío, y más abajo, el mar. Los hombres nos quedamos arriba, como Guardianes. Las mujeres avanzaron hacia adelante y abajo, y les entregamos las botellas, para que derramen su contenido en el mar. El trabajo estaba hecho.

Luego le propuse al grupo una charla sobre la Historia Cósmica y Terrestre, según las conclusiones a las que había llegado en 23 años de investigación. Marco propuso hacer esto en su casa, en donde estaríamos más abrigados, y podríamos comer algo. Nos invitó a todos, y fuimos.

Allí di mi pequeña charla o conferencia. Es tanta la información que he recopilado en tanto tiempo, que, al poco de empezar, me sentí perdido en mi propio laberinto mental de piezas de la Gran Rompecabezas, y no sabía por dónde exactamente seguir. Así que, propuse una ronda de preguntas y respuestas. Tendré que ordenar mejor la información en mi cabeza para la próxima charla, pensé.

Así fue el 11:11 del 2012 en Puerto Montt. Mientras tanto, en Castro, mi propia ciudad, se realizó un hermoso Encuentro, del cual no supe nada hasta un tiempo después. Seguramente mi función, dentro del Plan, era estar en Puerto Montt en ese momento...

Mientras tanto, en Capilla del Monte, Matías relataba aspectos poco conocidos de la prehistoria e historia del Camino Harwitum 2012. Aquí les dejo los videos.



Urlindim 11.11.12 (Parte 1)


Urlindim 11.11.12 (Parte 2)


Urlindim 11.11.12 (Parte 3)

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